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jueves, 4 de octubre de 2012

TDAH Adultos

 
¿Qué pueden tener en común el nadador Michael Phelps, el piloto de Fórmula 1, Lewis Hamilton o John F. Kennedy? Además de ser conocidos en la esfera pública, todos tienen una misma característica que no solo ha servido para construir su personalidad, sino que en gran medida les ha ayudado a desarrollar su talento y brillar en sus respectivos campos: fueron niños hiperactivos.
El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es una enfermedad que se inicia en edades tempranas y cuyo peor enemigo es el desconocimiento, ya que se trata de un trastorno invisible, con frecuencia tapado o camuflado por otros problemas psicológicos o rasgos de la personalidad que dificultan su diagnóstico. Es precisamente esta invisibilidad la que provoca que un elevado porcentaje de niños hiperactivos llegue a la edad adulta arrastrando un problema que desconocen y les puede llevar a tomar el peor de los caminos.
Roberto Álvarez es un hombre hiperactivo. Lo supo hace poco, cuando a su hijo le detectaron el trastorno en la adolescencia y conoció que en un elevado porcentaje de casos existe un gran componente genético. Fue la «oveja negra» de su familia, un niño con etiquetas y de quien se daba por hecho que no estudiaría ni haría nada a derechas. Hace poco que él y su mujer, María Jesús Ordóñez, relataron en un libro el calvario vivido con su hijo, también con TDAH y a quien un diagnóstico demasiado tardío le llevó a un peregrinaje interminable por especialistas que no lograban dar con el problema. Tales fueron las muestras de apoyo y agradecimiento por narrar su historia que la pareja ha decidido prolongar en el tiempo esta labor divulgativa y esperanzadora con la que, además de hablar claro sobre esta enfermedad, aseguran que, tras la detección, es posible llevar una vida normal. Y así lo hacen en su último libro, «Tú tampoco estás solo» (Ed. Planeta).
El presidente Kennedy también fue hiperactivo
«En el caso de los menores, el TDAH suele asociarse con problemas escolares, niños traviesos, que no son capaces de centrarse en nada». María Jesús y Roberto narran en su libro una historia dura aunque con final feliz. Su hijo está a punto de concluir dos carreras, algo que jamás se le hubiera pasado por la cabeza antes de los 14 años. Fue gracias a él como Roberto conoció el verdadero origen de lo que le había ocurrido años atrás y que todavía le causaba problemas. «En la mayoría de los casos los adultos con TDAH descubren este trastorno al conocer el diagnóstico de sus hijos, pues se trata de una enfermedad de alto componente genético. Parece ilógico que tengas que tener un hijo para saber si eres hiperactivo, pero hoy día ocurre muchísimo».
No detectar el TDAH en la infancia puede derivar, como alertan María Jesús y Roberto, en un temprano abandono escolar, pues se da por hecho que el adolescente no sirve para estudiar y será más efectiva su incorporación al mercado de trabajo. «Los niños son excluídos de su entorno por tener la etiqueta de "no sirvo" y muchas veces buscan otras alternativas que no son las más acertadas». Precisamente por ello es importante saber que los problemas más graves derivados de la falta de diagnóstico no se dan a nivel sanitario, sino social: «elegir un camino equivocado simplemente por no saber lo que te ocurre es algo que marcará tu vida para siempre: adicciones, accidentes de trabajo, depresión...».

Cuestión de talento

Como cuenta Roberto, «elegir bien o mal el camino dependerá básicamente del entorno en el que viva el niño, pues si sus padres no se conforman con estas etiquetas -como él hizo con su hijo- , es posible que el menor tenga otras alternativas, como la actividad artística, los deportes... hay grandísimos potenciales con TDAH que han logrado aprovecharse a pesar de este trastorno, como Phelps, Lewis Hamilton... Incluso hoy, en EE.UU., muchos directivos de Silicon Valley contratan a personas con este tipo de problemas, pues pueden aprovechar en gran medida sus habilidades para múltiples trabajos».
En datos, el TDAH afecta a un 4% de la población adulta, la mayoría sin diagnosticar. Según varios estudios que los autores citan en su libro, los niños hiperactivos que no reciben tratamiento en la infancia suelen tener un escaso nivel académico, pobres relaciones sociales, una baja autoestima y trabajos mucho peor remunerados, pues sufren despidos con mayor frecuencia, no son bien valorados y tienen múltiples accidentes laborales. «En los peores casos, el no tratamiento y la exclusión pueden derivar en delincuencia, agresividad y drogadicción».
No solo la genética desencadena el TDAH, sino que se trata de un problema en el que pueden influir múltiples factores, como el consumo de alcohol, tabaco o drogas en el embarazo, complicaciones en el parto... pero ¿hay solución? «Nunca es tarde para casi nada y siempre estamos a tiempo de tomar las riendas de nuestra vida», apunta Roberto.
 
En realidad, hablar con esta pareja marcada por el TDAH y leer su historia te enseña que no hay problema grande si sabes cómo abordarlo. «Lo más importante es el conocimiento, una vez que sospechas que tienes esta dificultad debes acudir a un especialista y, tras el diagnóstico, empezar a mirar hacia adelante. Además, hay que tomárselo con humor, pues hay momentos muy duros y la risa es la mejor terapia». A esta familia, el hecho de que padre e hijo fueran hiperactivos les ha servido para unirse, ser más cómplices y conocerse. Roberto reconoce, además, que a causa de este trastorno «invisible» la relación con su hijo estaba deteriorada, algo que el diagnóstico arregló «de la noche al día».

«Sale más caro no detectarlo»

Si en el caso de los niños el diagnóstico es harto difícil y lleva a un peregrinaje médico desesperante, en los adultos dar con este problema se hace realmente complicado. «La detección es mucho más compleja ya que el TDAH se camufla con otros problemas asociados, como la ansiedad o la depresión», advierte María Jesús. Lo peor de todo esto es que esta falta de diagnóstico no se debe precisamente a falta de recursos económicos pues, «no hacen falta grandes medios para detectarlo o hacer pruebas, solo se necesita conocimiento, formación y divulgación de las graves consecuencias que esta enfermedad puede generar. Además, sale más caro no detectarlo, pues las personas con TDAH tienen un gasto sanitario mucho mayor debido a accidentes o adicciones que precisamente se producen por no saber lo que se tiene».
Sin perder un ápice la esperanza y el humor, «porque el TDAH tiene solución», María Jesús y Roberto creen que la alerta sobre el peligro de esta enfermedad es necesaria y justificada. «Cuanto más tiempo se tarde en diagnosticarla y tratarla los riesgos serán mayores, pues el niño o el adulto irán acumulando graves problemas. Un niño al que se le aisla y se le etiqueta tiene un desarrollo diferente al resto, por lo que tendrá más tendencia a caer en comportamientos poco apropiados como la delincuencia. Es importante que la gente lo sepa, que esté alerta y busque alternativas. Las "ovejas negras" tienen solución».

Leído en el ABC sobre la hiperactividad en adultos

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